En el marco congelado
Kenneth Frampton, traducido por Sofia Fonseca

Una forma de arte construcionista indeterminada que está igualmente alejada de la arquitectura como de cualquier rastro de representatión figurativa siempre ha constituido una posibilidad en el panorama de expresión artística moderna desde los tiempos del Realist Manifesto de Naum Gabo y Antoine Pevsner del 1920 y de la proposición más general del’art concrete tal como fue establecida por Theo Van Doesburg a fines de los treintas.

Estas esculturas 8.8 concebidas por José Manuel Darro y Alejandro Muñoz Miranda nos recuerdan forzosamente en tres dimensiones a los paradigmas abstractos bidimensionales proyectados por Van Doesburg y Van Esteren en su famosa exhibición moderna del 1923 Galerie L’Effort Modern, aunque no haya aqui la mas leve sugerencia de que ninguna de estas jaulas matemáticas pudiese resultar en una edificación, ni siquiera en una residencia unifamiliar independiente.

Por el contrario lo que se proyecta en base a un cubo liminal es un juego extraordinario y completamente misterioso en el cual cubos de dimensiones variables más pequeñas son substraidas sistemáticamente de un volumen cúbico regidor siguiendo una alternación-cum-progresión geométrica, determinada al parecer por las esquinas del cubo mayor.  Esto no solo resulta en la creación de un campo rítmico, en el que cubos parciales animan el volumen cúbico original manteniendo sus propios ejes virtuales largamente invisibles, sino también en la formación de planos ortogonales de doce lados sobrantes en el cubo inicial.  Según mantienen los autores, en términos matemáticos, estos se pueden ver propiamente como un juego de fractales.

Como es casi siempre el caso con trabajos objetivos sin autor se produce una proposición permutable infinitamente, donde el gesto artístico consiste exclusivamente en escoger el momento “sublime” en el que se elige interrumpir y congelar, por asi decirlo, el juego infinito.

 
On the Freeze Frame
By Kenneth Frampton

An undetermined form of constructionist art that is as equally removed from architecture as it is from any trace of figurative representation has always remained a possibility in the panorama of modern artistic expression from the time of the 1920 Realist Manifesto of Naum Gabo and Antoine Pevsner and from the more general proposition of l’art concrete as established by Theo Van Doesburg at the end of the 1930’s.

These 8.8 sculptures as conceived by Jose Manuel Darro and Alejandro Muñoz-Miranda forcibly remind one in three dimensions of the two dimensional abstract paradigms projected by Van Doesburg and Van Esteren in their famous Galerie L’Effort Modern exhibition of 1923, although there is not the faintest suggestion here that any of these mathematical cages could possibly be the occasion for a building of any kind, not even a free-standing, one-family house.

On the contrary what is projected on the basis of a liminal cube is a remarkable and altogether mysterious game in which cubes of varying smaller dimensions are systematically subtracted from a governing cubic volume according to a geometrical alternation-cum-progression, determined, as it were, by the corners of the larger cube. This not only results in the creation of a rhythmic space-field, in which partial cubes animate the original cube volume in terms of their own virtual, largely invisible axes, but also in formation of twelve-sided “left over” orthogonal planes on the initial cube. As the authors maintain, in mathematical terms, these should properly be seen as an interplay of fractals.

As is almost always the case with objective authorless work this yields an infinitely permutable proposition, where the artistic gesture becomes solely a matter of choosing the “sublime” moment at which one may elect to interrupt and freeze, as it were, the infinite game.